miércoles, 18 de abril de 2018

La isla bajo el mar, el caso de la brujería


            La isla bajo el mar es el título de una de las novelas de Isabel Allende. Transcurre entre finales del siglo XVIII y principios del XIX (1780- 1810, aproximadamente). Es la historia del Haití bajo esclavitud, país que se libera de Francia en 1804, cayendo bajo la dictadura del general Dessalines quien, a pesar de haber obtenido prestigio como abolicionista, terminó practicando la esclavitud y su tráfico. La anécdota gira en torno al plantador Toulousse Valmorain, un hombre voluble sentimentalmente, diferente, no obstante, de sus colegas por dar un trato benigno a sus esclavos. La esclavitud, con todas sus crueldades y estigmas, es descrita con acierto en esta novela clasificable como histórica. Al final se hace un bosquejo de la Luisiana estadounidense de la época a la que convirtieron en refugio y exilio los plantadores ahuyentados por la feroz rebelión de los esclavos que incendiaron las plantaciones y convirtieron a Haití en una tierra humeante. De allí se ha querido explicar con mente determinista la pobreza secular de esa nación cuya independencia se declaró con el nombre de República Negra de Haití.
            Sin embargo, en mi opinión, no fue la calcinación de la tierra la causa de la miseria y atraso sino la inserción de la población negra en los valores de una África para entonces en su máximo grado primitivo. Esos valores sumieron a esa población en un animismo rudimentario equivalente a brujería en alta escala. La casi totalidad de la población africana originaria, seguida de la mezclada en sus múltiples y complejos tipos, hizo suya la brujería con sus dioses exaltados y obedecidos según rituales cotidianos y simples y otros más complejos y especiales. El cristianismo fue en la época de la novela apenas visible a través de la fe católica practicada por las familias blancas dueñas de las plantaciones, fe, sin embargo, interferida por las creencias de la servidumbre negra abundantemente establecida en las casas principales. El Vudú, nombre oficial de las creencias mágicas africanas, se extendió por el país al punto de minimizar cualquiera otra manifestación religiosa. Durante el gobierno de Francoise Duvalier, médico que se declaró dictador vitalicio, el Vudú y, por tanto, la brujería adquirió rango gubernamental.
            La práctica de la brujería, desatada desde los orígenes de la nación, ha hecho de Haití un país sombrío, el más pobre de América, víctima de terremotos, inundaciones, epidemias, hambrunas, crueldad. Desastres naturales la han asolado mientras que Republica Dominicana, su vecina, no ha sido afectada. Ello se explica porque la brujería es arte de los poderes de las tinieblas y donde éstos son fuertes reinan la miseria y el sufrimiento. Afortunadamente en los últimos años pastores cristianos han entrado en Haití y reforzado a pequeños grupos cristianos existentes y fundado iglesias que han contactado a buena parte de la población. El pastor Alberto Motessi ha sido el adelantado de la campaña evangelística, logrando que el cristianismo se asiente en el país. El resultado es estabilidad política, un nivel de progreso en crecimiento y una ausencia de las penurias y los desastres de la naturaleza que trajeron muerte y enfermedad. Si algún mérito descollante tiene La isla bajo el mar, de esa talentosa novelista que es Isabel Allende, es el de exponer con exactitud los orígenes y rasgos de Haití antes de la independencia, rasgos que la marcaron hasta hace pocos años.
            Quienes, como Cuerpo de Cristo, estamos fuera debemos orar continuamente por Haití para que el Evangelio y una consagrada y poderosa comunidad cristiana se instalen en esa amada nación tan significativa para el continente americano.


sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Tiene sentido la vida?

Hace pocos días recibí desde una ciudad de Estados Unidos, por whatsapps, el mensaje de un querido amigo. Decía más o menos: "Jorge, ¿qué sentido tiene todo esto? Gente saliendo a trabajar, levántandose desde la madrugada, para llegar temprano al trabajo a través de autopistas de cinco canales; que trabaja de sol a sol, a menudo con dos empleos, para terminar en la noche en su casa viendo noticieros o algunas diversiones por televisión; que atesora dinero para concluir en el aburrimiento después de experimentarlo todo. ¿Qué sentido tiene esta vida?" Mi amigo es ateo y suele expresarlo sin ambages. Entendí lo que me quería decir: al final de todo sólo queda un vacío espiritual el cual, fatalmente, conduce a una sensación de soledad.
Esto es frecuente en la vida, sobre todo en la vida moderna, donde la ciencia y la tecnología han dado lugar a un bienestar material sin precedentes. Y dolorosas consecuencias vemos a menudo: gente célebre que se suicida, gente rica que se suicida. Hay quienes se refugian en el trabajo, en alguna afición, en alguna actividad lucrativa, hasta sedarse, pero al final desembocan en el mismo "sin sentido". Creo que a veces hay una escapatoria válida: la de entregarse a alguna obra pía o de caridad, las cuales pueden devenir un sentimiento o actividad religiosa. Pero por lo general esta escapatoria es temporal y concluye en el punto de su partida.
Muchos hemos vivido la experiencia: lo hemos conseguido todo, probado todo, disfrutado todo, pero al final ha llegado el desasosiego, una suerte de vacío a menudo inexplicable. Un "sin sentido". Probamos de nuevo, fabricamos nuevas vivencias, surge un nuevo entusiasmo. Una nueva temporalidad. Al cabo: zas!, se disolvió todo. Es entonces, de acuerdo a las particularidades de cada quien, cuando se inicia la búsqueda suprema, con frecuencia desesperada. De pronto una señal, venida de alguna parte, nos sugiere una luz apuntando hacia un nombre y un contenido que estremece: Dios. Y nos lanzamos a un hallazgo, no pocas veces tremendo, incluso terrible, como me ocurrió a mí. Y pasa que ese Ser excepcional comienza a darnos señales de acuerdo a lo que necesitamos o deseamos. Luego se perfila como lo que auténticamente es: Deidad Trina. Padre, Hijo, Espíritu Santo. No es un encuentro fácil porque entrevemos su enorme y reconfortante significado, pero hay un precio que tenemos que pagar: ya no ser más nosotros mismos. Morir a nosotros mismos, es decir, al mundo que hemos vivido. Y entregarnos. Es un dilema inescapable que se torna en un dilema que en rigor no lo es. Porque el alma nos dice que si no nos entregamos las consecuencias van a ser devastadoras. Pero esto tiene una explicación: hemos sido elegidos, llamados. No hay escapatoria. Es el llamado del Señor. Pero no es un llamado arbitrario. Nos estremece al principio, pero todo lo demás lo deja a nuestra voluntad. Debemos decidir si continuamos o no. Pero ojo: si aquella búsqueda ha salido de nuestra alma profunda, no hay vuelta atrás.
Cuando la vida aparece "sin sentido" es porque se vive sin Dios. Sin el Dios Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sólo vivir en Él nos da paz, seguridad, optimismo. Es nuestro real refugio, escudo seguro. Hermano: no lo dudes, En estos tiempos cruciales vuelve tus ojos a Él, busca su presencia. Sólo Él, Cristo Jesús da sentido a la vida.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Los tatuajes y sus implicaciones


        No hay duda de que los tatuajes no agradan a Dios. Levítico 19: 28 es muy claro: “No te hagas cortes en el cuerpo por los muertos ni te hagas tatuajes en la piel. Yo soy el Señor”. (Biblia Nueva Traducción Viviente, edición de 2010). El hecho de que este mandato pertenezca al Antiguo Testamento no le quita vigencia en los tiempos actuales. Enfatizo en esto porque hay ciertas posturas, entre los cristianos de hoy, muy dúctiles, según las cuales “si el Nuevo Testamento no lo dice, no es obligante”. Creo que ello es un error porque el Antiguo y el Nuevo Testamentos son partes complementarias de un solo cuerpo doctrinal. Es verdad que hay algunos mandatos que del AT no se cumplen como, por ejemplo, el del descanso sabático, el cual guardan los judíos ortodoxos y los Adventistas del Séptimo Día. Pero este mandato tiene su equivalente en el descanso dominical y, entre los judíos creyentes, forma parte de su tradición histórica, inmanente a su fe. En mi opinión, casi todos los mandatos del AT, salvo los rituales, complementan los del NT y deben cumplirse por los creyentes.
El tatuaje o los tatuajes no son de Dios, no agradan a Dios y, por tanto, el llevarlos constituye una ofensa a Dios, es decir, un pecado. Si alguien se ha hecho uno o varios tatuajes y se convierte a Cristo, el arrepentimiento lo libra de ese pecado. Si pudiera, no estaría demás quitárselo, pero se sabe que esto no es fácil y podría ser costoso. Pero el hecho de aceptar a Cristo como Señor y Salvador y continuar en su senda, anula todo efecto del pecado del tatuaje.
El tatuaje es tan maligno que es anti-estético y otorga a la persona un aspecto feo donde lo lleve, lo cual se hace ostensible si es en el rostro. Además, es un peligro para la salud de la piel: sus hendiduras pueden infectarse y causar cáncer o pústulas. El tatuaje ocasiona desagrado, incluso perturbación: sugiere demonismo, iconografía satánica.
Hombres y mujeres, jóvenes de ambos sexos: no acepten los tatuajes, rechácenlos, pues su engaño es presentarse como una moda. No son una moda. Son una lazo del Maligno, enemigo de Dios y de los hombres.    



martes, 29 de agosto de 2017

¿Violencia buena, violencia mala?

En días pasados vi y oí  en una entrevista televisiva a un dirigente del gobierno venezolano hablando sobre los sucesos ocurridos en Venezuela antes del 30 de julio de 2017, fecha de la elección de la llamada Asamblea Nacional Constituyente, cuestionada por la mayoría de los venezolanos y la comunidad internacional. El dirigente forma parte de la cúpula de los diez personajes más cercanos al Presidente del país. La médula de su discurso consistió en decir que había una violencia mala y una buena. Por supuesto, la mala fue la de los "guarimberos" que durante tres meses, con barricadas, trancaron las calles del país. La buena, la del Gobierno, el cual, para garantizar la normalidad, debió recurrir a la represión mediante la GNB, la PNB y los grupos informales de choque, los tupamaros, también llamados "colectivos". Era, por decirlo así, toda una composición lírica para justificar la represión: no podía ser que la oposición organizada, o sea, la MUD, trajera a las calles jóvenes, imberbes casi todos, para impedir a la gente cumplir con sus deberes. El candor con que el dirigente argumentaba era conmovedor.
Cuando analizamos los hechos nos percatamos de la verdad. Los jóvenes que trancaron las vías lo hicieron conforme a su voluntad. Tanto es así que siempre dijeron que su protesta no obedecía a instancias de la MUD y que su motivo era la situación de escasez en alimentos y medicinas y el carácter dictatorial del Gobierno evidenciado en el desconocimiento de la Asamblea Nacional electa por el pueblo en diciembre de 2015 y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente sin respetar las normas de la Constitución vigente.
Las trancas contaron con la aprobación de la mayoría nacional pues si bien la participación de la gente adulta no fue activa, agregada al grupo de los jóvenes, las admitían y soportaban sus efectos.
 Es importante resaltar que la violencia no es sólo física. Es también, y de manera muy sensible, la ejercida por las políticas del Gobierno nacional. Una de éstas es la de las expropiaciones  y la amenaza constante sobre las actividades productivas, lo cual origina escasez en alimentos, medicinas, gas, y en general en insumos de primera necesidad. La escasez, a su vez, genera inflación, cada vez mayor en la medida en que la misma se agrava. Desde hace tiempo Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo y ésta alcanza al mes de agosto-2017 niveles que la convierten en hiper-inflación. Este hecho, sumado al cerco dictatorial que el Gobierno realiza sobre el país, ha dado lugar a una dramática disminución de la calidad de vida y a un grado de malestar muy elevado. ¿Qué hacer? Negociar. Esta es palabra clave, incomprendida por algunos, pero la única que da lugar a las gestiones para una superación de la crisis y conjuradora de violencia social. Hay tiempo todavía. El Gobierno tiene que admitir que el modelo comunal (en rigor comunista, plasmado en Cuba) es un fracaso total. Y también que sólo la democracia, con su poderoso recurso de la convergencia de voluntades, es la única forma política que produce soluciones duraderas. A la democracia tenemos que apostar, si no queremos que sea la violencia la que hable. Por lo demás, en el continente  americano y en el europeo, paradigmas de la civilización occidental, la democracia prevalece. Las dictaduras son una afrenta y un tropiezo que impide el bienestar de los pueblos.

jueves, 10 de agosto de 2017

¿Para qué venimos a este mundo?

Yo siempre tuve sed de Dios, incluso desde muy pequeño. Nací de unos padres que eran católicos convencionales. Cumplí todos los ritos (bautizo, primera comunión, etc.). Al tener uso de razón me preguntaba acerca del porqué de las distintas versiones religiosas, pero algo era absolutamente inherente en mí: sentía que existía un Dios único, amoroso en grado sumo, pero también poderoso. Jamás hubo en mí algo que pudiera llamarse blasfemia: siempre amé a ese Dios que también me amaba, pero al cual debía respetar. Yo tuve –y tengo todavía- una imagen de Dios como padre ideal, que te ama y a quien amas, pero a quien respetas no por temor a que te castigue (admitiendo incluso que puede hacerlo) sino porque lo amas.
Nunca pensé que la vida fuera una comedia sin sentido. Por eso fui ajeno al ateísmo y a las tesis existencialistas que consideran que la vida se acaba con la muerte física. Cuando se echa una ojeada al espacio sideral nos damos cuenta de que existe un vasto universo magistralmente ordenado. ¿Producto acaso de la mera evolución de la materia? Imposible. ¿Cómo puede la materia inerte y muy elemental en sus orígenes evolucionar por sí sola y crear al final a un ser caracterizado por la inteligencia y su capacidad autónoma de actuar? Tiene que haber una inteligencia superior, ordenadora, necesariamente amorosa y solidaria. Es esa Inteligencia que con tales atributos llamamos Dios. Si el universo es tan inmenso y complejo, ¿cómo entonces suponer que sólo hay vida en un pequeño planeta que llamamos Tierra? Los científicos, con los poderosos telescopios actuales, sólo pueden escudriñar una sola galaxia, la Vía Láctea, a la que pertenecemos, y en ella se han calculado 200 mil millones de estrellas, es decir, astros con luz propia (soles), muchos de los cuales son notoriamente más grandes que el Sol en torno al cual giran ocho planetas y un planetoide o “planeta enano”, Plutón, llamado así porque es un planeta en formación.
         Cada uno de esos soles debe de ser el centro de sistemas planetarios cuyo funcionamiento es similar al nuestro. Las estrellas con luz propia se ven, pero los cuerpos que giran alrededor no, porque se desvanecen a consecuencia de la luz que los rodea y la inmensa distancia desde la Tierra. No obstante, los científicos han podido identificar 445 sistemas solares y su trabajo les da la posibilidad de descubrir más año tras año. Estamos entonces, Pedro, en presencia de un vastísimo sistema de vida que no es resultado de un “bing bang”, una teoría que a mí me parece arbitraria. Porque ese orden literalmente perfecto en la disposición del universo no puede ser producto de una explosión y un espontáneo acomodo de la materia.
         Pude adquirir un libro llamado “Libro de Urantia” en el que se describe y explica la configuración del espacio sideral. Urantia sería el nombre cósmico de la Tierra. Es un libro de alto nivel, coherente, el cual es un cuerpo de documentos escritos en los años cincuenta por entidades celestiales (nada que ver con ocultismo o doctrinas afines) y entregados a una familia de apellido Sadler en los EEUU. Allí se explica cómo hay vida en otros sistemas solares, vida suscitada por un ser que es Espíritu puro, cuya grandeza aún nuestro cerebro no puede comprender del todo. Es Dios. Ya sé que el ateísmo antepone interrogantes: ¿cómo es? ¿de dónde vino?, etc. No lo sabemos. Por eso la pertinencia de la Fe, porque ante la imposibilidad de una explicación científica, sólo la Fe nos permite aceptar una realidad que no vemos pero que sentimos y experimentamos a menudo.
         La vida es, pues, creación, obra de ese Espíritu puro de superioridad absoluta. No es, no puede ser, resultado del desarrollo evolutivo de una materia ab origine inerte. Si además estamos ante un vasto y complejo universo perfectamente establecido, es ilógico pensar que la vida, es decir, el universo en acción, se agota con la muerte. Sería una pérdida de tiempo, un despilfarro contra natura. Y ello es más evidente tratándose de la vida inteligente. Por tanto, Pedrito, no nacemos simplemente para crecer, reproducirnos y morir. Nacemos también con un propósito: obrar conforme a una ética del bien para obtener el galardón de la vida compartida con Dios. Siempre me pregunté por qué Dios solicitaba de los seres humanos una vida realizada según su voluntad. La respuesta me la dio una pastora en una prédica: porque Dios “se alimenta” de ese modo de vida. ¿Alimenta? Sí, porque eso supone su gozo, su felicidad. No olvidemos que, no obstante, su grandeza y poder ilimitados, Dios es sensible y así como ama también sufre. Sufre, se conduele cuando sus hijos optan por sendas equivocadas. De allí el que nos haya hecho a su imagen y semejanza. Al obrar conforme a su voluntad podemos formar parte de su Reino. “Ganar el Cielo”, para decirlo en términos sencillos (frase pertinente porque las cosas de Dios son sencillas).
         No tengo dudas de que éste es el propósito de la vida. El propósito de Dios. El único que nos trae paz, estado espiritual que nos conduce a la única felicidad posible en un mundo contencioso, avaro, lascivo, egolátrico. No es, pues, el éxito terrenal que nos da satisfacciones pasajeras y que si se torna en felicidad es porque se sostiene sobre el propósito de Dios.
Un pariente que vive en EEUU me decía hace algunos días que Stephen Hawking, científico muy renombrado, proponía conquistar otros planetas para conservar la vida humana. Esto no pasa, en mi opinión, del desiderátum de un científico orgullosamente embebido en su saber y ateísmo. En primer lugar, porque la Tierra está diseñada y equipada para sostener a la cantidad de habitantes que el ser humano sea capaz de generar. Por otra parte, si se trata de conquistar otros planetas habría que crear, a propósito de los deshabitados, una atmósfera artificial terrestre en ellos y eso implica, tal vez, siglos de desarrollo científico. Además, como se ha dicho que los hay mucho más adelantados que el nuestro, hace falta superarlos. Y eso es imposible. No es un asunto de religiones; más bien de ignorantes que pueden ser religiosos, por lo general dogmáticos. Si hay tantos sistemas solares ¿cómo negar la posibilidad de vida inteligente en otros distintos al nuestro?
         Por lo demás, recibir a Cristo como Señor y Salvador y ser su discípulo o seguidor no es una religión. Porque la religión es una organización de reglas, normas, formalidades, dogmas que colman el espíritu humano y puede adorar cualquier cosa. Con Cristo se establece una relación de tú a tú, personalísima, sin ataduras. El catolicismo, budismo, hinduismo, taoísmo son religiones. Las llamadas iglesias evangélicas son sólo congregaciones, unidas por un solo factor: el Evangelio de Jesús, es decir, la vida y enseñanzas de Jesús. 

        
        



viernes, 28 de julio de 2017

El amado Israel

El Estado de Israel fue fundado en 1948, después de largas vicisitudes y sufrimientos. Es la nación de los judíos y hoy es la cuarta economía del mundo. Una excepción en un mundo con fluctuaciones económicas de uno y otro grado: Israel no,  pues su balanza de pagos es paritaria, el equilibrio que muchos gobernantes sueñan. Es un pequeño país de unos 22.145 Kms2 los cuales en un 60% son desérticos.Sin embargo, en su determinante mayoría están cultivados. Israel produce sus propios alimentos en una abundancia sorprendente, pues sus ríos son pocos y el único lago que tiene, lago  o mar de Galilea, es el que le suple la tierra naturalmente fértil. Su ciencia es una, si no la más, entre las más desarrolladas del mundo: la medicina, la agricultura, la tecnología comunicacional, el tallado de diamantes, la industria de bienes y servicios, la defensa militar, la aviación civil,etc. tienen un alto nivel y sus beneficios se comparten con el mundo. El Estado de Israel es la nación judía organizada jurídicamente. La nación que en el año 70 d. C quedó dispersa por el mundo después de la destrucción de Jerusalén por el general Tito, hijo de Vespasiano, el emperador romano que entonces gobernaba el Imperio. A pesar de esa dispersión los judíos mantuvieron su unidad, su identidad y, por tanto, su carácter de nación.
Israel es el pueblo con mayor grado de homogeneidad que haya existido en la historia. Sin embargo, esa hostilidad que padecieron desde sus mismos orígenes, llevada en el siglo XX a sus más altas cotas, aún no ha cesado. La izquierda extremista internacional lo hostiliza y los países musulmanes lo han declarado enemigo. La razón en que tanto la una como los otros coinciden es que Israel usurpó el territorio que en Palestina ocupaban los árabes musulmanes. Pero esto no es cierto pues, incluso desde la iniciación de la dispersión (la diáspora), familias judías permanecieron allí, y durante la ocupación del imperio turco otomano y del protectorado británico, los judíos de manera progresiva, aunque en cantidades modestas, retornaron a Palestina y convivieron con los árabes que en mayor medida también se habían establecido. No obstante, es necesario puntualizar que el pueblo judío ocupó el territorio palestino  -como el pueblo difusor del Dios único-  unos dos mil años antes del advenimiento de Jesucristo y que, como pueblo de eminente vocación espiritual, tiene en el Tanaj una legitimación histórica indiscutible al serle concedida una extensión territorial desde la frontera con Egipto hasta el río Éufrates. Antes del Holocausto, y especialmente desde los escritos de Teodoro Herzl (1860-1904), periodista y escritor austrohúngaro, el pueblo judío comenzó a emigrar en proporciones significativas a Palestina, dando lugar a una presencia muy notoria. Después del Holocausto, y en conformidad con derechos históricos incuestionables, afianzados en el especial ethos espiritual del pueblo judío y el arraigo en Palestina, las Naciones Unidas fundaron en 1948 el Estado de Israel. Hoy Israel es una nación de peregrinación, muy amada por la comunidad cristiana mundial.

jueves, 13 de julio de 2017

El comunismo es un sistema diabólico


         La izquierda internacional, sin duda que la radical, apuesta por el comunismo. Digo radical porque hay una izquierda equilibrada, racional que apuesta por una democracia interesada en el bienestar de las personas. Se autodenomina, por ello, socialista democrática. La radical habla de socialismo también, pero el suyo es un socialismo anclado en el marxismo-leninismo y entiende que éste es la antesala del comunismo, suerte, creen, de estado nirvánico donde el Estado desaparece y los seres humanos viven en sempiterna paz y abundancia.
         Cuando una nación cae en las manos de la izquierda radical –caso de Cuba, del Chile de Allende, de la Venezuela de Chávez y de Maduro- la misma comienza a construir el comunismo, hablando de socialismo. Abolen la propiedad privada, para lo cual dan lugar a medidas de expropiación que rápidamente generan escasez e inflación. En la medida en que avanzan, la escasez se agudiza, la inflación se dispara y la pobreza cunde. Expropian y establecen controles de precios, frenando la producción. La característica de la expropiación socialista-comunista es la de que el Estado quita al propietario sus bienes y los pasa a los “trabajadores” que, en definitiva, se aprovechan de lo mejor que tienen y luego los abandonan. Entonces la tierra expropiada, la empresa expropiada, se tornan ociosas.
          El gobierno socialista-comunista, inspirado en el marxismo-leninismo, propicia un Estado interventor y deriva en dictadura. Se impone un Estado policial: el libre pensamiento, el derecho a opinar, la libertad de culto, la libre empresa, la libertad de tránsito, el derecho a viajar al exterior, etc. quedan bajo la voluntad del Estado. Se suscita entonces una atmósfera tenebrosa en la nación. El país se deteriora materialmente. Espiritualmente se deprime. De allí que los países comunistas sean oscuros, tristes, pobres, feos y, para el alcance de mínimos disfrutes de confort, corruptos. En el plano de las creencias toma lugar la brujería que al cabo de pocos años adquiere niveles gigantescos. Es, según se dice con frecuencia, el caso de Cuba. De allí que en los gobiernos chavistas –el de Hugo Chávez y Maduro- la brujería haya llegado a extremos alarmantes. El materialismo histórico, pieza fundamental de la teoría marxista, promueve el ateísmo al sostener que el ser humano es resultado de la evolución de la materia. Luego, el ateísmo, junto con la brujería, da lugar a un ambiente espiritual caracterizado por la contienda, la violencia, la desconfianza, el odio, la mentira, la agresión, lo cual, aunado a la ínfima productividad inherente al sistema socialista-comunista, trae una atrasada y sombría situación nacional. Se trata, por tanto, de una situación donde las fuerzas oscuras prevalecen. El predominio de Satanás. La manifestación del comunismo como sistema diabólico. Es justamente cuanto está ocurriendo en Venezuela, en una especie de anticipación de Cuba (afortunadamente rechazada por la mayoría determinante de la población). De allí las dramáticas colas, la falta de medicinas, los malos servicios, la falta de gas, la falta de utensilios de todo tipo, el odio, los grupos violentos armados por los detentadores del poder, etc.
         Para la iglesia cristiana venezolana hay un gran reto, tan grande que de ella depende en grado casi exclusivo la superación de esta desdicha. ¿Cómo lo ha de enfrentar?  A través de la oración, el arma por excelencia de los seguidores de Cristo. La oración, oración y más oración, en el nombre de Jesús. Continua y fervorosa, llena de fe. Fe que cimienta la santidad. Y entonces Dios escucha. Porque sin “fe es imposible agradar a Dios” y sin santidad es imposible llegar a Su Presencia.
         La Iglesia de Cristo, el Cuerpo de Cristo está orando en Venezuela, y en él un remanente santo se destaca a diario. Por eso hay fundada esperanza. Y ya el Señor ha hablado a través de sus profetas. Habrá una nueva Venezuela, gloriosa, orante, próspera. Ya los dolores de parto se sienten. Pronto la veremos. ¡Bendito sea el Señor, Dios-Jehová de los Ejércitos! 

        
          
        


Los Tatuajes Hay una porción de la población mundial que admira y usa los tatuajes. No obstante, los tatuajes pueden causar infecciones en l...