Cuando observamos la existencia y la consiguiente tensión que vive el mundo tenemos que llegar a dos conclusiones: 1) la tensión es inevitable porque es la consecuencia de la entrega del mundo a Satanás por parte del hombre al producirse la caída; 2) para moderar esa tensión e incluso eliminarla vino nuestro Señor Jesucristo. Si aceptamos a Jesús habremos dado un gigantesco paso que se traduce en paz individual y colectiva y en progreso espiritual y material. No son los sistemas económicos y sociales los que resuelven los problemas sino la aceptación de Jesús. No obstante, el sistema basado en la economía de mercado es mucho mejor que el sistema socialista porque éste conlleva improductividad y opresión. En el sistema de economía de mercado, con libertad inherente, la aceptación de Jesús es grande. Y en países capitalistas donde predomina el cristianismo se observa estabilidad, paz y abundancia. Corea del Sur es un ejemplo notable.
Venezuela actual, bajo el régimen chavista, es hoy día una muestra más del fracaso del socialismo. En 20 años el país ha sido destruido por la persecución contra la propiedad privada. En las esferas de poder predominan el culto por la autocracia, el ateísmo o las creencias religiosas vinculadas a la brujería. La consecuencia es un país asolado por la improductividad. Afortunadamente existe un pueblo consagrado a Jesús que ora sin cesar y obra una conducta irreprensible. Los frutos son un aliviamiento de la escasez en las familias cristianas y una fundada esperanza en el cambio hacia la libertad. Dios ha hablado a los creyentes y enviado el mensaje de que, por su oración y fe, una nueva Venezuela habrá de nacer con un gran avivamiento y un nivel de producción como nunca antes en su historia. Bendito sea el Señor por siempre jamás. Amén.
Un buen día Cristo me llamó a sus caminos. Este blog es resultado de mis experiencias, materiales y espirituales, en esos caminos, experiencias que quiero compartir. Deseo, además, dialogar con mis lectores que, al tocar o referirse a mis textos, son mis amigos o, más exactamente, mis hermanos. Agradezco de antemano todo contacto, toda opinión, toda sugerencia.
miércoles, 17 de junio de 2020
sábado, 2 de noviembre de 2019
Los conflictos en el mundo y Cristo Jesús
Cuando veo los conflictos que vive el mundo (muy obvios estos
días en nuestro continente a propósito de los disturbios en Chile, Ecuador y
Bolivia) me convenzo de que en el fondo de los mismos subyace una crisis
espiritual profunda que revela un anhelo difícil de precisar porque el mundo se
ha llenado de logros materiales deseados por la mayoría, y a la larga
insatisfactorios. Ocurre que esa crisis ha tenido algunas respuestas de tipo
moral (igualdad en la riqueza, difusión de la solidaridad, fraternidad,
bienestar etc.) las cuales también han sido insuficientes. Para mí, solo hay
una respuesta válida: la búsqueda de Dios. Sin saberlo o intuyéndolo, los
pueblos, la gente, experimentan una gran necesidad de Dios. Y aciertan en esto
porque solo el llenarse de Dios da lugar a la paz. A la paz individual que es
predecesora de la paz social. Y cuando decimos "Dios" nos referimos a
la Deidad Trina -Padre, Hijo, Espíritu Santo-. Al aceptar a Jesús, Dios que se
hizo hombre, nuestra sensibilidad y nuestra percepción de los demás y del mundo
cambian completamente. Nos contagiamos de la tolerancia, la rectitud, el amor a
nuestro prójimo que caracterizaron al Maestro de Galilea. Por supuesto, estoy
hablando de quienes hacen una aceptación genuina de él y dan testimonio en toda
circunstancia.
De allí la
evidencia de que no son los sistemas los que arreglan el mundo. Países hay con
sistemas de organización social muy buenos que terminan en conflictos porque
están sobre un sustrato espiritual dudoso, como lo está demostrando Chile.
Mucho éxito, mucho progreso pero una moral quebrantada, liberal, permisiva (la
ley dispensadora del aborto, la de diversidad de género, etc.). Ni hablar de
los sistemas socialistas los cuales de entrada son problemáticos, opresivos,
ateos, estériles. Claro está que la felicidad total no existe porque el hombre
entregó el dominio del mundo al “príncipe de las tinieblas”. Pero si aceptamos
a Jesús, cambiaremos en él, y la paz reinará en nuestro corazón, nuestros
cuerpos se fortalecerán porque renunciaremos a los vicios y nos gozaremos en
hacer el bien. Así, las naciones con una importante población cristiana se
abocan igualmente a la paz y logran estabilidad política, prosperidad y
autoridad moral. Costa Rica es un ejemplo cercano a nosotros. También otros
países similares: Corea del Sur, Alemania, Nigeria, Kenia, Congo RD, Estados
Unidos, Brasil, China, Reino Unido, África del Sur, India (donde el cristianismo
se difunde por encima de multitud de religiones primitivas).
sábado, 17 de agosto de 2019
Entrar al Reino de Dios
El 7 de agosto de 2012 el Señor me llamó a su Cuerpo. Fue
un llamado muy claro, resultado de un remover espiritual profundo. Ese llamado
me dio una enseñanza inolvidable: cuando el Señor llama hay que obedecerle
porque Él no revocará ese llamado. Si la desobediencia persiste, las
consecuencias pueden ser muy duras. Desde que Él me llamó mi vida cambió. Dejé
para siempre el mundo secular y entré al Reino de Dios.
Fui formado como católico
y cumplí todas las ceremonias que esa formación demanda: bautizo (con poco
tiempo de nacido), primera comunión, confirmación, matrimonio, misas. Pero
nunca me sentí en verdadera comunión con el Señor y mi vida fue placentera,
mundana. Había, sin embargo, en mí mucha necesidad de Dios. Me solía arrodillar
y pedirle que me dijera o demostrara toda la verdad (aún no era familiar para
mí la palabra “revelación”). En 1963 en España encontré un libro unitarista que
me enseñó algo precioso: la oración. Insistía mucho en la oración al Dios
Único. Supe tiempo después que el unitarismo no es una doctrina correcta, pero
ese libro (llamado por su anónimo autor Libro
de la Vida) grabó para siempre en mí el valor de la oración. Lamentablemente
no oré con la insistencia debida y la vida mundana volvió a apoderarse de mí.
A
mediados de junio de 2012, en plena madurez de mi vida biológica, viví una
crisis espiritual conmovedora. Acudí a mi religión tradicional. Pero no hallé
respuesta. Un par de meses antes había conocido a un pastor cristiano. A él
acudí cuando la crisis que vivía tomó escalas muy altas. Me recibió en su
iglesia. Él, su esposa y algunos hermanos que allí estaban, oraron por mí.
Desde ese momento mi crisis comenzó a amainar; mi asistencia a esa iglesia se
hizo cotidiana. Encontré paz y supe que el Señor Jesucristo me había recibido
en su Cuerpo, es decir, en su iglesia.
Recientemente hubo entre los hermanos, con quienes suelo
reunirme para orar, una digresión en torno al concepto iglesias. La iglesia de
Cristo es una, alegaba un hermano; luego no debería hablarse de iglesias. Pero pronto
entendimos que hay denominaciones, en su mayoría legítimas. Cada denominación,
en sentido amplio, es una iglesia, una clase de congregación con algunas
características propias. Pero todas están bajo un denominador común: la Biblia.
Solo aquellas que introducen nociones contrarias a la Biblia dejan de ser iglesias
para convertirse en sectas. Tal es el caso de los hermanos Testigos de Jehová y
de los hermanos mormones. Los primeros niegan la divinidad de Jesús; los
segundos han establecido el Libro del
Mormón, paralelo a la Biblia
Para vivir alineados a la voluntad de Dios hay dos
recursos esenciales: la oración y la lectura de la Biblia. La Biblia es la
Palabra de Dios y por ello debemos aceptarla tal cual fue redactada por
inspiración del Espíritu Santo. Mateo 24-35 lo dice con claridad: “El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
sábado, 29 de junio de 2019
Venezuela en crisis espiritual
Leí
recientemente en la página de un pastor cristiano que la crisis vivida por Venezuela
tiene origen espiritual. Hace unos cuatro años leí algo similar en un libro
titulado “Memorias de una nación en guerra” escrito por el reverendo José Ángel
Hernández, también pastor cristiano, radicado hoy en Estados Unidos. Es este un
libro sobrio, de abundante argumentación. Su tesis es la misma: Venezuela vive
desde 1999 una crisis cuyo origen es espiritual. De esto hay que hablar, aunque
la incredulidad sea mucha.
Cuando
he conversado con no creyentes y ateos, siempre aludo a una realidad que
tenemos a la vista: el espacio sideral. Los científicos con sus ultramodernos
telescopios han descubierto la existencia de entre 200 y 400 mil millones de
estrellas y 445 sistemas solares. Esa inimaginable cantidad de cuerpos celestes
guardan un orden perfecto: siguen órbitas de diversa magnitud sin que haya
choques entre ellas y un buen número de los sistemas solares son mucho más
grandes que el nuestro. ¿Se hicieron solos? ¿Es concebible que la materia
original inerte evolucione de tal manera que construya vastos sistemas celestes
y sistemas solares complejos y al final dé lugar a seres individuales
inteligentes y de poderosa iniciativa? La ciencia no ha podido explicarlo y
parte de ella ha terminado por admitir las explicaciones de raigambre
espiritual enunciadas en la Biblia, el único libro sostenido a lo largo de la
historia. Los hombres de ciencia -salvo los recalcitrantes más por orgullo que
por convicción- han aceptado que todo eso resumido en el concepto vida ha sido creado por una
inteligencia suprema llamada Dios.
Albert Einstein, el científico más importante del
Siglo XX y entre los primeros de la humanidad, dijo:
“Al
intentar llegar con nuestros medios limitados a los secretos de la naturaleza,
encontramos que tras las relaciones causales discernibles queda algo sutil, intangible e inexplicable. Mi religión es venerar esa
fuerza, que está más allá de lo que podemos comprender. En ese sentido soy de
hecho religioso: las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un
espíritu enormemente superior a los hombres … frente al cual debemos sentirnos
humildes”.
Ese “espíritu enormemente superior a los
hombres” no podemos llamarlo sino Dios. Y ese Espíritu, fundado en un poder inherente
denominado amor, es el creador de ese abrumador y maravilloso orbe que es el
Universo. La existencia de Dios es incuestionable.
En
Venezuela a mediados de los años ochenta el hermano José Ángel Hernández hizo
guerra espiritual en Sorte, la montaña de ese demonio llamado María Lionza representado
por una mujer blanca de mediana edad y ropas claras. Gran parte de Venezuela
desfiló por esa montaña donde se levantaron miles de altares. Adorar a
semejante demonio implicó que una buena porción de la población venezolana
diera la espalda al Dios Único, Creador del Cielo y de la Tierra. Ello trajo
males al país. Uno descollante fue la crisis política iniciada en 1983 con el
denominado “Caracazo” a partir del cual Hugo Chávez accedió al poder después de
dos golpes de Estado fallidos, siendo elegido en 1999 Presidente de la
Republica. Cuando un grueso número de la población de un país se aleja de Dios
la desgracia sobreviene. No por voluntad del Señor ni mucho menos como castigo.
La Deidad Trina (Padre, Hijo y Espíritu Santo) es un caballero. Respeta las
decisiones de sus creaturas humanas. Ese alejamiento abre un espacio espiritual
que vienen a ocupar los poderes de las tinieblas. Hug0 Chávez en el poder se
involucró en la brujería de manera pavorosa (David Plácer, joven periodista
venezolano hoy exiliado escribió el libro “Los brujos de Chávez”) y se dice que
el Sr. Maduro y su entorno han convertido al palacio de gobierno en un cubil de
brujería.
La
brujería es obra de Satanás y una de las más graves ofensas a Dios. Por eso el
Antiguo Testamento advierte y la repudia en múltiples versículos. Así -para solo citar uno- en 2 Crónicas 33:6 se lee: “Hizo pasar por el fuego a sus hijos en el
valle de Ben-hinom; practicó la hechicería, usó la adivinación, practicó la
brujería y trató con médium y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del
SEÑOR, provocándole {a ira.}”.
Afortunadamente
en Venezuela hubo y hay un remanente que se ha mantenido fiel al Señor, orando
sin cesar y llevando una vida irreprensible. A él han oído Dios y su Santo Hijo
y por eso nuestro país no será esclavizado por el Maligno. Venezuela pronto
renacerá con un poderoso avivamiento y estos ya largos años de escasez y
retroceso cesarán. Será un país sostenido por una iglesia fiel y consagrada y
vendrá paz, abundancia, alegría. El Cuerpo de Cristo tiene un gran papel que
realizar. Su enorme responsabilidad es sostener la espiritualidad del país.
Debemos estar muy conscientes de ello. Orar sin cesar, ayunar, vigilar,
evangelizar son sus tareas naturales y debe asumirlas con denuedo y
perseverancia. La palabra profética es esperanzadora: Venezuela será nación
líder en Cristo Jesús y gran testimonio y ejemplo para el mundo.
Mérida,
Venezuela, 29 de junio de 2019
domingo, 14 de abril de 2019
Derechas e Izquierdas
Derechas e izquierdas
A
menudo la gente en política habla de derechas e izquierdas y, como en una
suerte de moda, muchos se inclinan por las primeras. Ser de izquierdas supone estar
con el progreso, la vanguardia. En el siglo XX la mayoría se proclamaba de
izquierdas. Venezuela fue emblemática en ese aspecto.
Ocurrió
que, en 1999 Hugo Chávez, por vía democrática, tomó el poder y se inició un
gobierno de izquierda en Venezuela. Pronto, ante el temor que muchos habíamos
manifestado, comenzaron a verse los resultados: las expropiaciones y el empobrecimiento
del país proliferaron. La escasez amenazó, pero, en 2004, ante la inestabilidad
política en el Medio Oriente, los precios del petróleo se dispararon hasta
rebasar los 100$ el barril. Hubo unos años de suficiencia que dieron lugar a un
clima de paz y aparente confianza. Pero los economistas expresaron su temor: La
crisis del Medio Oriente iba a pasar y los precios regresarían a niveles
normales de tal manera que, si el rumbo iniciado por Chávez permanecía, la economía
venezolana se iría a pique. Las expropiaciones continuaron. Un poco después de
morir el Comandante, encargado Maduro, los precios del barril de petróleo se
contrajeron de 100$ a un poco más de 40. No era un mal precio, pero la
equivocada política de expropiaciones ya exigía un cambio. Maduro la profundizó
y la economía entró por un despeñadero. Los cortes de luz se hicieron más
frecuentes y la escasez produjo una inflación convertida en hiperinflación en
asunto de días.
Maduro
concluyó el periodo de Chávez e inició otro con un mandato electoral dudoso. Hoy
Venezuela es un país destruido. Maduro y sus partidarios proclaman su
afiliación de izquierdas y tildan de derecha al conjunto de sus adversarios y
críticos.
De
izquierda se califican los gobiernos de Morales en Bolivia, Ortega en Nicaragua
y, hasta hace poco, el de Correa en Ecuador. Todos aceptan ser bolivarianos.
Ninguno de éstos ha arruinado la economía de su nación pero han mostrado un
perfil autoritario y rechazo a dejar el poder. La consecuencia es perturbación
política y social en sus países.
Si
a ellos añadimos el gobierno de Maduro, el balance de la izquierda es desolador.
Por lo tanto, la izquierda ha sido un desastre al gobernar en América Latina. Si
comparamos este desempeño con el de los gobiernos de derecha (así llamados por
los líderes de izquierda) la conclusión es que éstos son más exitosos. Que la
economía funcione y la alternabilidad democrática se realice, es garantía de estabilidad
política y social. Si el gobierno no lo hace bien, podrá ser reemplazado por
otro en elecciones libres.
En
este punto me interesa hacer una reflexión espiritual: como cristiano siempre
me ha sido familiar escuchar que nuestro amado Cristo Jesús está sentado a la derecha del Padre. Si está
sentado a la derecha es porque la derecha es buena. Al revisar el origen de la
palabra izquierda, nos encontramos con que es equivalente a “siniestro”. El DRAE
así lo define; Siniestro: “…Que está a la mano izquierda/ Avieso y mal
intencionado/ Infeliz, funesto o aciago/ Propensión a lo malo; resabio, vicio o
dañada costumbre que tiene el hombre o la bestia”.
Izquierda
es, pues, igual a siniestro. En idioma italiano izquierda se dice “sinistra”. En
el campo espiritual la izquierda representaría lo contrario a las preferencias
del Señor, el Dios Creador del Cielo y de la Tierra, Dios de amor absoluto y
misericordia, Amadísimo Jehová de los ejércitos.
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